Mientras caminaba, un automóvil lujoso apareció de la nada y pasó frente a ella. Era un vehículo blindado, de esos diseñados no para lucirse, sino para sobrevivir: acero oculto bajo la pintura, vidrios gruesos, promesas silenciosas de protección para quienes iban dentro.
La carretera estaba desierta.
No había casas, no había luces, no había testigos. Brenda era la única presencia viva en aquel tramo de asfalto, avanzando a pie, pequeña y vulnerable frente a la inmensidad silenciosa que la rodea