16- La Rendición del Deseo.
El jet privado aterrizó en Madrid bajo un cielo frío y gris. La sala de juntas se sentía ahora como un recuerdo lejano, un teatro donde habían interpretado una obra de alto riesgo. Una hora más tarde, Sarah y Gabriel estaban en el ático de él, el mismo lugar donde su guerra de seducción había comenzado hace unos años atrás. La botella de Vega Sicilia, reservada para momentos de alegría, estaba abierta sobre la mesa de cristal.
—Felicidades, Directora Casillas —dijo Gabriel, ofreciéndole una copa. Su voz no era el de un CEO, sino el de alguien cansado—. Has salvado mi carrera, mi proyecto, y has hecho que la junta de Duarte crea en el amor nuevamente.
—Felicidades, Gabriel. Tu vulnerabilidad fue más letal que cualquiera de tus estrategias frías —replicó Sarah. El vino era potente, un bálsamo para la adrenalina que aún corría por sus venas.
Se sentaron en el amplio sofá, con la copa en mano. El silencio que se instaló entre ellos no era incómodo; era pesado y lleno de la realidad de tod