Anunciaron su vuelo y sus piernas que hace momentos estaban tan inquietas se negaron a moverse. Haciendo un esfuerzo supremo se encaminó a la fila para abordar. Una vez en el avión y sentada cómodamente dejaba vagar la vista por la ventanilla. Cerró los ojos y apretó las manos en puños luchando contra el deseo de salir corriendo del avión y regresar con él. No podía ser tan masoquista, pero lo era ¿el amor te volvía tan débil?
Deseó que fuera él, el que llegara por ella, que la sacara de ese av