¡Por favor no! – Gimoteaba ese bastardo.
Dame una buena razón para no hacerlo. – Le decía ella.
¿Cuál? – lloraba angustiado. - ¿Qué quieres?
¿Qué es lo que quiero? Ya nada me importa, no quiero nada, excepto verte tres metros bajo tierra.
¡Lo siento! ¡Lo lamento! ¡Perdóname! – Decía mientras se desplomaba al suelo llorando como un cobarde. – Solo pensé en arruinarles la vida a ambos porque la mía sin ti no era nada.
Nunca fui tuya, de ninguna de las maneras.
Lo sé y eso siempre me destrozó