Ella le lanzó una mirada fulminante y salió precipitadamente de allí dejándolo atrás. En cuanto salió de la villa echó a correr, esperando que el viento que sentía en el rostro acabara con sus deseos de echarse a llorar. Las lágrimas pugnaban por salir y ella furiosa por ese hecho intentaba controlarse, pero lo cierto era que no podía. Corrió hacia la playa y siguió corriendo. Sintiendo en el rostro la brisa del mar y absorbiendo el aroma salado. Una ligera lluvia empezó a caer y lo agradeció p