Lo siento. – Y la abrazó de nuevo.
Ya pasó. – Se obligó a sonreír, pero solo logró una sonrisa temblorosa. – Creo que exageré.
No pasa nada. El médico no ha de tardar en llegar.
No quiero ver a ningún médico.
Por supuesto que lo verás.
Necesito descansar y solamente eso.
Lo harás, pero primero verás el médico ¿entendido?
Está bien.– se sentía tan débil que no protesto más.
El sonido de la puerta los interrumpió.
Es él, un médico retirado que vive en el pueblo.
Minutos después el médico se despe