Las velas difundían una luz suave por la habitación, creando un ambiente íntimo que parecía suspender el tiempo.
John deslizó los dedos por el rostro de Elizabeth, como si quisiera memorizar cada rasgo.
—Eres real... —murmuró con una sinceridad que la hizo estremecerse—. Después de todo, todavía te tengo aquí.
Elizabeth posó su mano sobre la de él, sonriendo con ternura.
—John. Siempre te he estado esperando... solo necesitaba que me vieras de verdad.
Él la atrajo hacia sí y el beso que siguió