— ¿Casada? —replicó Sara, bajando el tono, pero sin suavizar las palabras—. Si es que podemos llamar "casamento" al que tú viviste… ¿se lo contaste?
Elizabeth guardó silencio, sintiendo el pecho apretarse. Luego respiró hondo.
— No le conté… todo. Y tampoco… estoy interesada en involucrarme con nadie —dijo con la voz quebrada—. Aún pienso en John… todas las noches él ronda mis sueños… y cuando despierto… — Su voz se desmoronó, y las lágrimas brotaron, calientes, antes de que pudiera contenerlas.
Sara la envolvió de inmediato en un abrazo firme.
— Shh… —susurró, acariciándole la espalda—. Vas a superar todo esto. Aún vas a encontrar a alguien que vea quién eres… y que te ame como mereces.
Elizabeth permaneció en silencio, sintiendo el peso de aquel amor perdido que aún insistía en doler.
Minutos después, ya recompuestas, ella y Sara volvieron a la sala con una bandeja de aperitivos. Los cuatro conversaron sobre la ciudad y los próximos pasos del restaurante.
Ya casi era la hora del alm