CAPÍTULO NOVENTA Y DOS
Aiden esa noche no durmió nada pensando en los mellizos y en la similitud de la fotografía que había visto. Ambos tenían el cabello azabache y la piel cremosa, pero cuando paso por aquella casa, no pudo ver los ojos de aquel niño para compararlos con la pequeña de la foto. Además, el cabello negro, no era una característica muy distintiva que pudiera decir que ambos niños tenían el mismo lazo sanguíneo.
Pero… «¿Y si esa niña se llama Ada?» Pensó con una punzada de nervio