CAPÍTULO NOVENTA Y UNO
Aiden llegó aquella casona hecha de piedra que estaba llena de alfombras rojas y piso de madera de ébano. Los adornos que tenían le daban un aspecto de casa antigua, que se mantenía en el tiempo.
Tenía una chimenea en la sala de estar y cuatro habitaciones ostentosas con camas de colchón de plumas y sábanas de seda. Él se quedó en la habitación de la segunda planta. Dejó la maleta sobre la cama de dos plazas y volvió a bajar para charlar con Schneider, que lo esperaba.