CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y NUEVE
—¡Muévete por favor! —susurró Emily sin fuerzas de seguir hablando algo que a ella le dolía. Esta vez Aiden se movió hacia un lado y quedó de espalda sobre el colchón, con la mirada fija en el techo blanco.
Emily se sentó en el borde de la cama y le dio la espalda a su ex marido. La mandíbula le tembló y odió nuevamente llorar en frente de él, ya que no le gustaba verse débil, pero no podía evitarlo.
Aiden no fue capaz de consolar a Emily, si no que se quedó ahí