CAPÍTULO CIENTO DIECINUEVE
Emily seguía sentada en el asiento trasero de la camioneta y bufó cansada cuando Elian comenzó a llorar en su regazo. Aiden también lo escuchó que el remordimiento de nuevo estaba ahí presente, calando en lo más profundo de sus huesos. Él tensó cada uno de sus músculos cuando el llanto de uno de los mellizos fue más fuerte, que no pudo seguir caminando hacia la heladería.
—¡Papá! —protesó Ada con el ceño fruncido cuando Aiden se giró devuelta hacia la camioneta.
—Pr