CAPÍTULO CIENTO DIECIOCHO
Cuatro horas después, la avioneta aterrizó en uno de los aeropuertos más alejados de Berlín.
Emily desabrochó el cinturón de Elian y lo cargo en sus brazos, ya que el pequeño niño se había quedado dormido, nada comparado a su hermana que no se cansaba de hablar ni de asombrarse por todo lo que veía.
Aiden le sostuvo la manito a Ada y también se las arregló para llevar las maletas de él y de los niños.
—La camioneta nos está esperando —avisó Aiden al mismo tiempo que ba