Amelia observaba cómo Luciano mecía y paseaba al pequeño Olaf, quien, para sorpresa de ambos, parecía saber que en brazos de su padre estaría totalmente a salvo, ya que solo con él parecía dejar de llorar.
—Mi vida, es hora de dormir… Anda, mamá necesita un descanso y papá también… —dijo Luciano sentándose en una mecedora que recién había comprado.
—Luciano, dámelo, tal vez lo que necesita es un poco de leche… —dijo Amelia levantándose de la cama con cansancio.
—Deberías dormir, yo puedo seguir