Tras aquellas palabras, Luciano subió corriendo las escaleras; revisaba cada habitación buscando a Amelia. Llevaba el corazón latiendo a mil por hora y el estómago hecho un nudo.
No comprendía bien a bien cuál había sido el plan desde un principio; lo que sí tenía muy claro era que nunca se había tomado el tiempo para conocer al hombre que estaba con él.
—¡AMELIA! ¡AMELIAAA! ¡CARIÑO! ¿DÓNDE ESTÁS? ¡SAL, POR FAVOR!
Eran los gritos que Moretti alcanzaba a escuchar desde la planta baja. Aquel