Luciano despertó tras varias horas; cuando lo hizo, se percató de que iba en un avión, no llevaba ataduras y alguien sostenía con fuerza una de sus manos.
Observo con detenimiento; se trataba de la mujer que lo ha estado acompañando desde hace algunos años.
—Ángela… —dijo Luciano, zafando su mano, pues esta parecía que estaba plenamente aferrada a él.
—¡Cariño! ¿Cómo estás ¿No te hicieron daño? —preguntó la angustiada mujer.
Luciano, al poner atención, sintió un pinchazo en el corazón; la mu