Alexander trazaba círculos lentos en la espalda de Daniela con la yema de los dedos, saboreando el silencio cargado de sus respiraciones acompasadas.
Llevaban tres días sin salir del apartamento, tres días de olvidar el mundo más allá de esas paredes, tres días de piel contra piel, de murmullos ahogados y de una conversación pospuesta.
El timbre del teléfono cortó el hechizo como un cuchillo afilado.
Alexander maldijo entre dientes al reconocer el número. —Dimitri— gruñó, sintiendo cómo el