—Anton, yo...
—¿Qué? ¡Dime qué quieres! —exigió Anton mientras le clavaba la mirada a Selena.
—Nada.
Anton suspiró fastidiado y le apartó el mentón con brusquedad.
—¡No va a haber ninguna celebración! Estoy ocupado.
—Está bien.
El auto de Anton arrancó a toda velocidad con un chirrido de neumáticos. Selena se limpió las lágrimas y se retocó el maquillaje a toda prisa.
***
—Buenos días, señorita Gill —la saludaron algunos empleados que llegaban a la misma hora, mientras ella entraba al edificio d