Capítulo 56 — La mariposa de Dimitri
La habitación estaba bañada por una luz suave y el olor a desinfectante ya no resultaba tan fuerte, sino que se mezclaba con la dulzura de la escena. Anastasia, recostada en la cama con el rostro cansado, pero iluminado por la dicha, sostenía a Odessa contra su pecho. La niña dormía tranquila, ajena al bullicio de la vida que acababa de recibirla y a las personas a su alrededor que se morían por conocerla.
De todos los presentes Igor fue el primero en acerca