Capítulo 24 — El retorno del lobo
El motor del coche negro rugía contra el silencio de la carretera. La luna apenas se asomaba entre nubes densas, arrojando destellos de plata sobre el asfalto. Dentro, Dimitri mantenía los ojos fijos al frente, la mandíbula apretada y el pecho ardiendo bajo las vendas que cubrían la herida que casi lo había matado.
— Deberías estar en una cama, no aquí — gruñó Igor, girando el volante con los nudillos blancos por la fuerza de su agarre — El médico dijo que nece