NYRA
Fui la loba más feliz del hospital cuando supe que ambos habían sido dados de alta. Un alivio cálido y reconfortante me invadió, y por un instante, me permití imaginar que algo así jamás volvería a suceder. Aun así, una parte de mí ardía de curiosidad, una necesidad imperiosa de ver qué clase de monstruo era capaz de hacer algo así.
Pasó una semana y el hospital había recuperado su ritmo habitual. Tranquilo. Normal. Pero entonces supe que había sido gracias a la ayuda del Alfa Tristan que