YELENA
Golpeé la mesa con tanta fuerza que la madera vibró bajo mi palma, pero él no se detuvo. Tristan siguió caminando hacia mí como si yo fuera un desafío que debía vencer, y sentí una opresión en el pecho que no quería describir. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no me tenía miedo?
—¿Qué estás haciendo, Tristan? —pregunté con voz temblorosa, mezclada con irritación y algo más que no estaba lista para admitir. Sonrió con esa maldita sonrisa que me hacía temblar las rodillas, y antes de que pudiera pe