YELENA
—Te dije que te prepararas hace horas. ¿Quieres que lleguemos a medianoche? —Fruncí el ceño, apoyándome en el marco de la puerta mientras Nyra forcejeaba con la cremallera de su espalda—.
—No es mi culpa no haber visto este vestido antes —replicó, con el rostro contraído por la frustración. Suspiré y me acerqué a ella—.
—Déjame —murmuré. Bajó las manos con un suspiro de resignación. Se había empeñado en que lleváramos vestidos parecidos esa noche. No entendía por qué. No éramos gemelas.