YELENA
Él miró la carta como si la viera por primera vez; frunció el ceño, confundido.
—Señora, yo... no sé cómo llegó aquí. Estuve en mi puesto todo el día.
—Exacto —dije bruscamente, alzando la voz antes de poder evitarlo—. Si alguien debería saber cómo llegó esto aquí, eres tú. Pero parece que ya no estás concentrado en tu trabajo.
Porque no tenía sentido, en absoluto.
¿Cómo podía haberse colado algo así cuando él estaba justo allí?
¿Acaso ella había saltado hacia el interior?
Desvié la mira