YELENA
Volví a dormir en la casa de la manada.
Cuando todo se calmó, la noche ya había engullido el cielo. Nadie me dejaba irme, ni siquiera cuando insistía. Me decían que necesitaba descansar, que ya había hecho suficiente, que parecía que me iba a caer si daba un paso más.
Quizás tenían razón.
Aun así, tenía que enviarle un mensaje a Nyra. Me estaba esperando en casa de mis padres, probablemente dando vueltas como una loba inquieta. Le dije que me iría por la mañana. Le dije que me quedaba po