MARIE
En cuanto entré en la sala, me quedé paralizada.
Se me cortó la respiración.
No.
No… no podía ser.
No debería ser él.
Pero incluso de espaldas, reconocí ese edificio. Esa postura. Esa quietud silenciosa que siempre hacía que el aire a su alrededor se sintiera pesado.
Mi madre estaba sentada con ellos, riendo suavemente como si los conociera de toda la vida. Mi padre también parecía relajado. Era evidente que los invitados eran importantes.
Lo suficientemente importantes como para que mi m