MARIE
Entonces Livia se cruzó de brazos lentamente.
—¿No te estás preparando para conocer a tu nueva pareja? —Su mirada se posó en mi mano, que sujetaba la camisa de Daniel—. ¿Por qué te aferras así al beta de la manada? —Su voz rezumaba burla—. ¿No te avergüenza...?
—¡Basta!
La voz de Daniel resonó por toda la habitación.
Livia se quedó paralizada.
Mis labios se curvaron en una leve sonrisa.
Por fin había alcanzado su nivel.
Daniel dio un pequeño paso adelante, con el brazo aún alrededor de mí