YELENA
Por un instante de locura, imaginé arrancarle la cabeza de cuajo.
Mi loba se abalanzó, con los dientes doloridos y las garras ansiando perforar su piel.
Pero era un Alfa.
Aunque lo mordiera, no importaría. Su piel sanaría antes de que mi ira se calmara. Eso solo empeoraba las cosas.
«Sé que lo que hice estuvo mal… solo encuentra en tu corazón la compasión por…»
«¡Basta!», espeté.
Mi voz resonó en el coche como un trueno. Claire se removió en mis brazos, su cuerpo se movió contra mi pecho