MARIE
—¿Marie?
La voz de Daniel fue la primera en oírse; suave y cautelosa, como si temiera que desapareciera si hablaba demasiado alto.
Entonces, el cerrojo hizo clic.
La puerta se abrió.
Se hizo a un lado, dándome espacio para entrar, pero no esperé su permiso. En el instante en que lo vi, algo ardiente y punzante se rompió dentro de mí. Lo agarré del cuello, lo atraje hacia mí y lo besé con fuerza. No fue un beso suave ni dulce; fue posesivo.
Quería que ella lo viera. Quería que lo supiera.