MARIE
Cuando mi hermano dejó esta manada para seguir a Yelena de regreso a la nuestra, sentí alivio por primera vez en días.
Un verdadero alivio.
La casa se sentía más ligera, más silenciosa, como si una tormenta se hubiera ido a otro lugar y hubiera dejado el aire limpio. Por una vez, no andaba con pies de plomo, no me preocupaba cada palabra que decía por si acaso se convertía en otra discusión sobre parejas, deber o destino.
Y sí, egoístamente, estaba feliz.
Estaba feliz porque se había ido