El trayecto desde la frontera suiza hasta las afueras de Lyon fue un desfile de paisajes que se sentían como una purga. El coche de Liam, un sedán de alta gama que aislaba el ruido del mundo, se deslizaba por las autopistas francesas con una suavidad hipnótica. A mi lado, Samuel no despegaba la vista de su tableta. Había aceptado mi propuesta sin dudarlo; el sueldo que le ofrecí era el triple de lo que Ethan le pagaba, pero lo que realmente selló el trato fue la lealtad que nos unía. Samuel ya