Camila
— ¡Puedes dejar de rascarte la herida! Por el amor de Dios —regaño por décima vez a Paola quién se encuentra en el sofá acostada con vendajes en sus brazos y en la pierna dónde salió más lastimada, tiene en su cara algunas gasas pero ella se lastima los daños más profundos.
— ¡Pero es que me pica! No seas mala, deja que alivie mi picazón. — ella hace un puchero.
—Cuando se te infecte las heridas por andar de impaciente tendrás que recordar que no es mi culpa, porque cuando estés lament