Amy:
—¿Qué? —Lo miro sin poder creer lo que dice—. ¡Pero Alexis está herido! Está en un hospital y yo
soy su mujer.
—Sí, lo entiendo —no le cambia la expresión de la cara, me mira con sus ojos fríos—. Mucho me temo que el señor, literalmente, me mataría si pongo su vida en riesgo.
—¿Me estás diciendo que no puedo ir a ver a mi marido que acaba de tener un accidente de avión? —Elevo la voz cuando la cólera se apodera súbitamente de mí—. ¿Qué se supone que tengo que hacer: quedarme aquí sentad