(Diogo)
El bar estaba lleno, pero yo me sentía solo.
La luz tenue, el olor a alcohol mezclado con fritura y el sonido apagado de las conversaciones no ayudaban a quitarme el peso de la cabeza. Respiré hondo, apoyando los codos en la barra de madera rayada.
La botella casi vacía delante de mí parecía un reflejo de lo que sentía por dentro: medio vacío, medio aturdido.
Y entonces el móvil vibró en el bolsillo de mi chaqueta.
Lo cogí pensando que era algo del trabajo, o tal vez otra notificación cualquiera, pero era el nombre de Alessandro.
Abrí el mensaje y lo leí despacio:
"Es una niña. Larissa está embarazada de una princesita."
Cerré los ojos un segundo, conteniendo la sonrisa boba que creció en mi rostro. Se merecían eso. Se merecían toda la felicidad del mundo. Era curioso… en medio de mi caos interno, su felicidad seguía siendo una de las pocas certezas que me calentaban el corazón.
El camarero me sirvió otra copa, y le di las gracias con un gesto.
Cogí el móvil otra vez y tecleé: