Mundo ficciónIniciar sesiónSentí cómo la sangre me abandonaba el rostro. El recuerdo me golpeó como un puñetazo. Era verdad. Me acordaba de la mirada desesperada de Larissa, la sangre en sus piernas, sus súplicas… y de mi desprecio. ¿Cómo pude?
— Tú le destrozaste la vida aquel día —continuó Diogo—. Y casi destrozaste la de Gabriel también. &iq







