Diogo
Llegué a casa y cerré la puerta detrás de mí con más fuerza de la que pretendía. Apoyé la frente contra la madera durante un segundo, soltando un suspiro largo. Un torbellino de sensaciones me atravesaba el pecho: confusión, alivio, algo de rabia, pero, sobre todo, un miedo extraño que aún no tenía nombre.
Se había sentido mal, solo eso… pero durante horas pensé que me había dejado.
Caminé con paso firme hacia el salón y me dejé caer en el sofá, mirando el techo por un momento, recordando