(Alice)
04-09 - Domingo
Era domingo y tenía el día libre porque, irónicamente, mi propio jefe me obligó con esa cara de bulldog suyo cuando dijo que no iba a hacer horas extra hoy, aunque tuviera que atarme a la silla, o acabaría colapsando y dándole más trabajo.
Quizás tuviera razón.
Mi cabeza parecía más pesada que el mundo. Y si me quedaba en casa sola, acabaría pensando en ese desgraciado de Ícaro, en Frederico (mi gato, que se llevó junto con mi dignidad) y en el dinero que pedí prestado al banco.
Así que no. No me iba a quedar en casa.
Me tiré en la cama, miré al techo un segundo y me levanté decidida.
Abrí el armario y saqué el vestido que me compré en un arranque de autoestima hace meses, todavía con la etiqueta porque nunca había tenido el valor, o la ocasión, para ponérmelo.
Me puse la tela negra y ajustada que se pegaba al cuerpo como una segunda piel. Una sola manga, el otro hombro al descubierto. Y lo más atrevido: la abertura en la pierna sujeta con cadenas plateadas que