Te quiero mi lobo.
Marlén observó con creciente temor cómo la apariencia de Elijah se transformaba rápidamente frente a ella. Su piel lozana dio paso a una capa de pelo, sus músculos se ensancharon y su ropa comenzó a romperse por la presión. Sus facciones se desfiguraron, y sus ojos azules se volvieron dorados.
Asustada, Marlén se pegó a la pared, deseando que la misma se agrietara, y la succionara hacia dentro, llevándola a otro espacio, para escapar de esa aterradora imagen.
Lo miraba a la cara desde su posi