Ava Davis.
¡Qué noche! ,Rogaba que las horas pasaran rápido. Camila me tenía al borde de un ataque de nervios con sus constantes críticas.
Mi madrastra no perdía ocasión para rebajarme , aún enfrente de mi esposo.
Me sentí como una sombra, atrapada en mis inseguridades.
Cuando al fin se despidieron, respiré aliviada, como si hubiera salido de una prisión.
Liam tomó mi mano y no me soltó hasta cerrar la puerta de la habitación.
Sus dedos eran cálidos y su contacto provocó que un escalofrío