25. Proteger lo que se ama
Las manos de Josephine continuaban deslizándose por los hombros de Malcolm, acariciando sutilmente la base de su cuello, ocasionando que un escalofrío recorriera la columna del Alfa.
—Tus manos son... —Malcolm se interrumpió, como si no encontrara las palabras adecuadas—. Tienes un don, druida Fletcher.
—Años de práctica, milord McTavish—respondió Josephine, aunque ambos sabían que había algo más, una conexión que iba más allá de la mera habilidad técnica.
Malcolm giró levemente la cabeza, inten