173. Los libres y los ciegos
Conforme avanzaba el día, el paisaje comenzó a cambiar sutilmente. Los bosques densos dieron paso a campos cultivados y pastizales, con aldeas pequeñas visibles en la distancia. El aire llevaba aromas diferentes: humo de cocinas domésticas, animales de granja, y esa mezcla particular de actividad humana concentrada que caracterizaba las áreas más pobladas.
—Estamos entrando en territorio más civilizado —observó Malcolm, notando los cambios en el ambiente—. Necesitamos estar más alerta.
—Y más no