170. El trabajo sucio
—Todos están muertos, papá —reportó Zacary sin emoción aparente—. Y encontré esto —añadió, mostrando una bolsa pequeña que había tomado del cinto del forajido delgado—. Monedas de plata. Bastantes —dijo, agitando el saquito para que se escucharan las monedas.
Gael había estado examinando los caballos de los forajidos, evaluando su calidad y condición.
—Los caballos están en buen estado —anunció—. Un poco descuidados, pero nada que no se pueda arreglar con cuidado apropiado. Y las monturas son