El Precio de traicionarme a mi y a mi manada.
—Los días habían pasado y el cumpleaños número 18 de los hermanos Santos había llegado con él - Buenos días, Alfa - la voz de Siena era canción para los oídos de Edan que había apartado la vista de los papeles que estaba revisando para enfocarse en su pequeña Loba que vestía un vestido negro que no dejaba a la imaginación absolutamente nada.
— Dejé de fruncir el ceño Alfa o le saldrán arrugas - se quejó la pelirroja.
— Y se puede saber por qué estás vestida así, es más, le faltan telas a ese ve