Lola
Mientras la voz de Asher se desvanecía de mi mente, el celo que abarcaba mi cuerpo incrementó. Me sentía incomoda en mi propia piel, insoportablemente cálida y ansiosa. Me costó sentarme en el sedán, pero pude apenas mover mis miembros. Sabía que Maya estaba luchando para tomar el control, peleando contra sus instintos para poder darme un respiro de mi celo intenso. Mis ojos se revoloteaban hasta cerrarse, y yo anhelaba unos pocos minutos de inconsciencia, libre del celo abrasador.
Cuando