Media hora después, me alejé a trompicones del cuerpo de Tristan y caí en el cálido abrazo de Asher.
Mis piernas se habían hecho gelatina y mis fuerzas mágicas estaban tan agotadas que tal vez nunca se recuperaran. Solo podía imaginar cuánta sangre y reposo harían falta para que volvieran a la normalidad.
La voz de Asher me acariciaba los hombros, su aliento me rozaba la mejilla, pero la sangre que me rugía en los oídos me impedía oírlo.
Lo había dado todo por Tristan, todo.
Holly y Giov