Me desperté con el sabor de la sangre en la boca y el dolor punzante de algo afilado que me pinchaba en el trasero.
"Agh...", siseé de dolor.
Me puse de lado, lo cual no era mejor, y tanteé a ciegas en busca del culpable. Mis dedos se congelaron cuando vi la sustancia arenosa que cubría el suelo.
Era suciedad, desaliñada y húmeda al acumularse bajo mis uñas. Me dolían todos los músculos del cuerpo como si hubiera corrido un maratón. Intenté superar ese dolor, estirando mis sentidos hasta q