Nunca había subido a un avión, y mucho menos a un avión privado que podía servir de apartamento si alguna vez te encontrabas sin un lugar donde vivir. Me estremecía la idea de estar en un vuelo el tiempo suficiente como para hacer uso de la ducha y de la cama grande de la parte trasera del avión.
Las únicas cosas positivas de ese vuelo eran las pequeñas botellas de licor que ahuyentaban mi inquietud. Me gustaba el hecho de acurrucarme con Asher durante la siguiente hora y el hecho de que no hu