Capítulo 20

Volví varias veces más a marcar el número de mi feminista millonaria y los resultados eran fracasos y más fracasos. Ya se me había quitado el letargo producto de un exceso de ansiedad y la gobernadora de la ciudad seguía mirando el suelo melancólicamente, al parecer sin ninguna intencion de irse a alguna otra parte.

Tal vez lo tenía todo, excepto donde ir.

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