Capítulo 90. Tiempo paralizado.
La sombra que ahora veía cuando la luz la cubrió desde la espalda, logró que otro pedacito del corazón de Salomé se destruyera. Siempre estaba erguida, elevando la barbilla y sintiéndose tan hermosa como segura. Ahora no era así.
En ese momento veía un figura decaída, con los hombro casi ahogando su cabeza, sus piernas débiles y sus manos temblando.
Su cuerpo dolía como nunca imaginó que dolería. Las marcas de los azotes en sus piernas eran más visibles ahora que cargaba un vestido, el cual