Capítulo 282. Su hogar.
Harold Borghese tensó las manos sobre el volante, mientras veía lágrimas en el rostro de su esposa. Sus guardaespaldas le indicaron mantener la calma, pero cañones apuntando a cada uno dificultó realizar esa tarea con éxito.
No sabía quiénes eran. No sabía qué querían y tampoco por qué le estaban haciendo eso a él, cuando no los conocía. Pero sí sabía que no iba a arriesgarla.
Sin una sola palabra, encendió la direccional y dejó que el vehículo se desplazara hacia la salida indicada, accediend